10/11/08

Sexualidad …De ( ser) Padres

Ps. Andrea Florenzano A.

A pesar de que hablamos y tenemos palabras para comunicar, muchas veces damos las cosas y asuntos por sentados y seguimos marchando. Así como, por ejemplo, podemos dividir el mundo humano en hombres y mujeres basándonos en una diferencia anatómica, y no siempre hablamos de ello (y como esto influye tanto en nuestra sexualidad en general como en el acto sexual mismo), podemos también dividir a nuestra especie en quiénes han sido padres y quiénes no... En quiénes tienen hijos, y quienes aún siguen siendo hijos, y como esto puede llegar a atravesar la experiencia de nuestra sexualidad.
Dentro de esta problemática está por ejemplo la temática en relación a cómo interactuarán en el proceso de ser padres por primera vez, momentos como el embarazo, parto y el puerperio en la vida sexual de la pareja.
Poco hablamos de ello. Y en muchas ocasiones, un paso importante en estos casos para poder retomar o activar una sexualidad satisfactoria, es justamente hablar.
Pero no son muchos los que se preguntan – y menos aún quienes conversan en pareja - los temores y dudas respecto a cómo influirá la llegada de un hijo en la relación de pareja y en la vida sexual.
Incluso, para no hablar, tendemos a anatomizar, y dar por sentado que los cambios posiblemente se circunscriben a todo aquello que tiene relación con los cambios corporales y hormonales de la mujer durante el embarazo, luego la lactancia y más tarde la infinita crianza.
Pero biología siempre habrá. Y aunque estamos lejos de saberlo todo, sabemos que la sexualidad es más que biología, y que la pareja incluye a un otro.
Entonces, ¿Qué pasa con el cuerpo de la mujer? ¿Qué pasa con sus temores? ¿Qué moviliza en ella esta nueva relación materno filial, y este nuevo rol?. Y luego, ¿Cómo se inmiscuye el hombre en todo esto? ¿Qué se moviliza en él? ¿Cuáles son sus fantasías y temores?
Si bien es cierto, no existe un caso igual que otro. Pero podemos inferir ciertos elementos comunes que nos permiten aproximarnos a la problemática de cómo la experiencia de ser padres primerizos puede impactar la relación de pareja movilizando desafíos diversos, incluyendo el plano sexual.
El primer embarazo y parto son experiencias novedosas. Físicamente se pone en marcha un aparataje que nos parece desconocido, y psíquicamente se despliega el desafío de volverse madre.
Durante el puerperio, tras el parto, el engranaje biológico levantado durante el embarazo comienza un proceso involutivo volviendo el cuerpo de la mujer a un estadio anterior al del embarazo (salvo en lo que respecta a la glándula mamaria que experimenta un gran desarrollo para cumplir su rol en la lactancia). Pero psíquicamente asistimos a un proceso subjetivo que deviene un cambio significativo, cambio que va mucho más allá de la adopción de un nuevo rol.
El nuevo estatuto de madre impacta la vida psíquica tanto de la mujer como la dinámica de pareja e influirá en la vivencia que ésta tenga se su dimensión sexual y erótica.
Aunque las problemáticas sexuales después del parto y puerperio no son infrecuentes, es importante mencionar que responden a una amplia gama de problemáticas en tanto síntomas. En muchos casos estas problemáticas no constituyen una disfunción sexual, siendo, o bien pasajeras, o de fácil tratamiento, por lo que es importante comunicar su insistencia por ejemplo al ginecólogo o médico tratante.
En otras ocasiones, la problemática sexual (como puede ser por ejemplo, una disminución del deseo sexual) podría apuntar a una conflictiva más amplia, como lo podría ser una depresión post parto, o bien apuntar a hacerse cargo de conflictivas de pareja que no habían sido abordadas o no se habían manifestado.
En definitiva, en esta importante etapa vital que significa el transformarse en padres, el proceso de devenir padres, la sexualidad puede resultar tanto un espacio potencial para seguir el crecimiento en pareja como un importante indicador de las problemáticas de adaptación de esta. Un espacio que no pierde su valor, pero que no se debe descuidar
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Deseo Sexual y algunas de sus problemáticas

Ps. Paula Pérez G.
Publicado por Revista En Forma, Noviembre, 2008
La disminución del deseo sexual se caracteriza por la existencia de quejas sobre pérdida de interés en la sexualidad, por disminución de fantasías sexuales y eróticas, y por una baja frecuencia de actividad sexual. Se produce una disminución en el impulso sexual, y por tanto, una disminución de la atracción frente a la posibilidad de tener contactos de carácter sexual.
Esta problemática sexual es cada día más frecuente de observar en alguno de los miembros de la pareja (tanto en hombres como mujeres), y, las razones por las cuales esto ocurre son múltiples, y de mantenerse pueden llegar a producir una disfunción propiamente tal.
Generalmente, esta dificultad comienza a situarse lenta, silenciosa y discontinuamente y el cómo la pareja lo afronta es fundamental. Es su abordaje lo que marcará la diferencia.
Algunas parejas, al detectar que algo está ocurriendo, se sientan a conversar y evaluar la situación decidiendo muchas veces solicitar ayuda profesional, otras parejas, en tanto, no comparten sus sentimientos y preocupaciones, callando y viviendo silenciosamente su malestar y angustia.
En ocasiones, la pareja, herido (a) por el contacto rechazo, prefiere evitar las insistencias, esperando quizás que “todo vuelva luego a la normalidad”. Una alternativa (y un posible riesgo) es comenzar “por mientras” una dinámica en donde se produce una especie de relación fraternal, en donde ambos terminan conformándose con una relación basada en la ternura. Se acepta la falta de sexo, valorizando más todo “lo otro” que tiene con su pareja minimizando así la importancia de lo que no tiene. El punto cuestionable acá, es pensar que esta dinámica comienza a darse no por mutua opción ni por una decisión tomada a conciencia, sino que es circunstancial, y se da por falta de comunicación, de confianza y/o por una disfunción sexual no asumida, no tratada y mal manejada en pareja.
Frente a la disminución del deseo sexual en alguno de los miembros de la pareja, es fundamental un trabajo psicoterapéutico de carácter individual o en pareja.
El trabajo en pareja es de suma importancia en este tipo de disfunción, partiendo por identificar cuál es la función que esta cumpliendo el problema del deseo en la pareja (la función del síntoma). Este síntoma podrá ser decodificado y entendido en su manifestación y en su estabilización al observar en qué contexto relacional aparece. De esta manera se puede evitar el adjudicar la culpa netamente al otro miembro de la pareja y entenderlo como algo compartido.
El tema de la intimidad acá juega un rol fundamental pues en muchas ocasiones se dan dificultades en este ámbito que finalmente impedirán cualquiera posibilidad de funcionalidad en la pareja. Es importante trabajar en la reconstrucción de ésta, identificando por ejemplo, los códigos existentes en la seducción, las claves que conducen al acto sexual, el acto sexual mismo también cómo se desarrolla la etapa post-coito. En este sentido, lo que se requiere lograr luego de revisar en pareja los diferentes componentes de la intimidad, es intentar avanzar más allá del nivel conceptual logrando generar nuevas ideas y actitudes hacia la intimidad en un nivel comportamental viendo de qué manera cada uno de ellos podrá implementar estas ideas.
Por último, es muy importante aprender en pareja a mantener vivo el deseo. Valorar el sexo como algo positivo sin poner ningún tipo de imposición como por ejemplo son las de rendimiento, metas o frecuencia, otorgando así la posibilidad de experimentar placer de manera más libre. Darse la posibilidad de incrementar la expresión de afectos y de sentirse bien ante contactos no demandantes, por ejemplo darse la oportunidad de simplemente tener juegos sexuales sin que necesariamente el fin sea la penetración y el posterior orgasmo. Trabajar estimulando los sentidos puede también ayudar al intentar re-encantarse con cosas simples como olores, el mirarse o bien la respiración, todas cosas que van quedando cada vez más postergadas por el hecho de vivir el día a día de manera tan rápida y mecánica. El conversar juntos sobre algunas de las fantasías y expectativas sexuales de cada uno y hablar sobre lo que se siente o se desea en un clima de acogimiento y de confianza puede ayudar a mejorar también la vida sexual.