27/05/09

7 DE JUNIO : TALLER DES-CUBRIENDO MI SEXUALIDAD


18/03/09

El ejercicio de las fantasias


Los adelantos científicos en anatomía, fisiología, y disciplinas afines, que cobraron mayor fuerza a partir de la segunda mitad del siglo pasado, han aportado al entendimiento de importantes procesos de la sexualidad humana, principalmente respecto a lo que en el ámbito de la sexología se conoce como “la respuesta sexual” que contempla diversas fases tales como excitación, meseta, orgasmo y resolución. Los avances y desarrollos, que a partir de entonces se han generado en la sexología, han constituido un aporte fundamental para el trabajo respecto a temáticas sexuales.

Existen también aportes que subrayan la temática del cuerpo y sexualidad desde otra mirada, contribuyendo a abordar de modo más integral la complejidad de la sexualidad. Estas contribuciones apuntan a dimensiones muchas veces menos objetivables de la vivencia sexual. Nos ayudan, por ejemplo, a entender qué puede influir en una sexualidad insatisfactoria cuando se descarta causalidades físicas o médicas en quien consulta.

Y es que no sólo a los músculos les puede hacer falta flexibilidad y ejercitación. Sino que encontramos, en ciertas ocasiones, rigidez que no es muscular sino relativa a nuestras creencias, pensamientos, imágenes y fantasías sexuales.

Un elemento fundamental en el cómo se vivencia nuestra sexualidad es la fantasía. El tema de las fantasías y su papel en relación a la sexualidad es un tema amplio y no libre de discusiones en el ámbito profesional, además de presentar particularidades según cada caso.

En términos didácticos podemos hablar de diversos tipos de fantasías, respecto a las cuales tenemos distinto nivel de conocimiento y dominio. Aquellas más arraigadas en lo inconsciente, que tienden más bien a dominarnos - en tanto no tenemos un conocimiento claro de ellas- pueden ser pensadas como “fantasmas”. Estos fantasmas usualmente influyen en el ejercicio de nuestra sexualidad de modo determinante pero poco evidente para nosotros mismos. Muchas de las disfunciones o problemáticas sexuales que observamos en la clínica tienen algún tipo de relación con estos fantasmas que no han sido debidamente trabajados o resueltos a lo largo de nuestra vida. Así mismo, no es infrecuente observar que son estos fantasmas no resueltos los que inhiben un desarrollo y ejercicio de fantasías sexuales que pueden eventualmente estimular y enriquecer la vida sexual.

Las fantasías sexuales que usualmente experimentamos de modo más nítido y consciente, que suelen estar relacionadas con la imaginación, o bien al “soñar despierto”, son también fundamentales en la formación del erotismo. Estas constituyen un espacio imaginario donde la ficción puede promover novedad, inducir la excitación, estimular el juego y potenciar el acto sexual.

Ahora, cualquier rigidez en torno a las fantasías, ya sea su ausencia o su exceso podría producir, en lugar de un enriquecimiento de la vida sexual, una dificultad.

Como ya hemos mencionado, las fantasías sexuales son un elemento importante para una satisfactoria vida sexual, además de ser un recurso frecuente en la sexualidad de las personas. A pesar de ello, se observa que algunas personas temen a sus fantasías, lo que usualmente dice relación con la idea de que querrán llevarlas a la conducta, y cuando estas fantasías transgreden lo que las personas se permiten a sí mismas se genera temor y culpa. Es por esto, que en ocasiones se inhibe la producción de fantasías, restringiéndose así, el repertorio sexual. Es importante señalar que no sólo se inhibe su comunicación con otros (la pareja por ejemplo), sino que su propia producción y desarrollo.

También encontramos en ciertos casos fantasías cargadas de ansiedad que muchas veces hacen fracasar la experiencia sexual. En el ámbito de la clínica sexual es frecuente observar fantasías plasmadas de ansiedad de rendimiento, donde el énfasis está puesto en el resultado y en las expectativas por sobre el disfrute del proceso.

En definitiva, en el contexto de la sexualidad y su ejercicio es tan importante estar en forma en la dimensión física de nuestra corporalidad, como en la dimensión de las fantasías que estimulan su erotismo.

31/01/09

VAGINISMO


PS. PAULA PÉREZ G.
Publicado en Revista "En Forma", Enero 2009
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Cuando hablamos de vaginismo nos referimos a un tipo de trastorno de la sexualidad, catalogado dentro de los trastornos “por dolor”. El vaginismo implica una contracción involuntaria (espasmos musculares) del primer tercio de la vagina que impide la penetración en distintos grados, llegando incluso a impedir la realización de exámenes ginecológicos.
Este trastorno conlleva un malestar significativo tanto en la mujer como en su pareja, puesto que implica imposibilidad de llevar a cabo el coito con penetración vaginal. Este “cierre” de la vagina, metafóricamente podría llegar a interpretarse como un límite que funciona defensivamente frente a algo que se percibe como una amenaza.
En la mayoría de los casos, el dolor sentido por las mujeres que poseen este trastorno, no es selectivo, es decir, no varía con una u otra pareja ni varía en uno u otro contexto o circunstancia: se da más bien, de manera generalizada.
Se debe evaluar que el dolor no responda, al menos exclusivamente, a factores de causalidad orgánica (infecciones, endometriosis, desgarro del himen, etc.). Habiendo hecho este descarte, es factible pensar entonces, que el problema pueda deberse a causas psicológicas.
Hablar de causas psicológicas comunes para quiénes tienen este trastorno es complejo, fundamentalmente porque el papel de lo subjetivo acá es primordial. Sin embargo, se puede hablar de ciertos factores predisponentes que pueden tener que ver con factores individuales de la historia de la mujer, tales como haberse criado bajo una educación muy represiva, haber vivido situaciones infantiles traumáticas, represión del contacto corporal, miedo a quedar embarazada, entre otros.
En estos casos es la ansiedad la que toma el papel protagónico produciendo estas contracciones, operando a la base un mecanismo de protección relacionado con la percepción de amenaza (a la penetración).
Es fundamental que, luego de descartar causas orgánicas y médicas, quien posea este trastorno inicie un tratamiento psicológico, con el fin de dilucidar las causas a la base y poder determinar un adecuado plan de acción y tratamiento.

Extracto de "Lograr el Amor en Pareja", el trabajo terapéutico de Bert Hellinger


LA GRANDEZA DE LA SEXUALIDAD
DAR Y TOMAR

...La sexualidad es un impulso poderoso, irresistible. La sexualidad impulsa la vida, por encima de todos los obstáculos. En este sentido, la sexualidad es más grande que el amor. Naturalmente cobra una grandeza especial cuando se consuma con amor...
Hay una frase que dice: "Los hombres sólo quieren una cosa, y las mujeres quieren la otra". Pues bien, aquél de los compañeros que quiere lo uno, quiere lo correcto. A veces en una pareja, secretamente se desarrolla un juego de poder alrededor de la realización del amor. Así por ejemplo, cuando uno quiere y desea, y el otro tan sólo concede, éste ocupa una posición de superioridad. De esta manera, el compañero que necesita y desea queda relegado a una posición inferior, lo cual destruye el amor.
El amor se basa en la igualdad en el desear y en el conceder.
El amor únicamente se logra cuando ambos compañeros están seguros de que su deseo encuentra cobijo en el otro, es decir, cuando ambos desean con amor y conceden con amor.
La relación de pareja se logra a través de una compensación continua entre dar y tomar...

10/11/08

Sexualidad …De ( ser) Padres

Ps. Andrea Florenzano A.

A pesar de que hablamos y tenemos palabras para comunicar, muchas veces damos las cosas y asuntos por sentados y seguimos marchando. Así como, por ejemplo, podemos dividir el mundo humano en hombres y mujeres basándonos en una diferencia anatómica, y no siempre hablamos de ello (y como esto influye tanto en nuestra sexualidad en general como en el acto sexual mismo), podemos también dividir a nuestra especie en quiénes han sido padres y quiénes no... En quiénes tienen hijos, y quienes aún siguen siendo hijos, y como esto puede llegar a atravesar la experiencia de nuestra sexualidad.
Dentro de esta problemática está por ejemplo la temática en relación a cómo interactuarán en el proceso de ser padres por primera vez, momentos como el embarazo, parto y el puerperio en la vida sexual de la pareja.
Poco hablamos de ello. Y en muchas ocasiones, un paso importante en estos casos para poder retomar o activar una sexualidad satisfactoria, es justamente hablar.
Pero no son muchos los que se preguntan – y menos aún quienes conversan en pareja - los temores y dudas respecto a cómo influirá la llegada de un hijo en la relación de pareja y en la vida sexual.
Incluso, para no hablar, tendemos a anatomizar, y dar por sentado que los cambios posiblemente se circunscriben a todo aquello que tiene relación con los cambios corporales y hormonales de la mujer durante el embarazo, luego la lactancia y más tarde la infinita crianza.
Pero biología siempre habrá. Y aunque estamos lejos de saberlo todo, sabemos que la sexualidad es más que biología, y que la pareja incluye a un otro.
Entonces, ¿Qué pasa con el cuerpo de la mujer? ¿Qué pasa con sus temores? ¿Qué moviliza en ella esta nueva relación materno filial, y este nuevo rol?. Y luego, ¿Cómo se inmiscuye el hombre en todo esto? ¿Qué se moviliza en él? ¿Cuáles son sus fantasías y temores?
Si bien es cierto, no existe un caso igual que otro. Pero podemos inferir ciertos elementos comunes que nos permiten aproximarnos a la problemática de cómo la experiencia de ser padres primerizos puede impactar la relación de pareja movilizando desafíos diversos, incluyendo el plano sexual.
El primer embarazo y parto son experiencias novedosas. Físicamente se pone en marcha un aparataje que nos parece desconocido, y psíquicamente se despliega el desafío de volverse madre.
Durante el puerperio, tras el parto, el engranaje biológico levantado durante el embarazo comienza un proceso involutivo volviendo el cuerpo de la mujer a un estadio anterior al del embarazo (salvo en lo que respecta a la glándula mamaria que experimenta un gran desarrollo para cumplir su rol en la lactancia). Pero psíquicamente asistimos a un proceso subjetivo que deviene un cambio significativo, cambio que va mucho más allá de la adopción de un nuevo rol.
El nuevo estatuto de madre impacta la vida psíquica tanto de la mujer como la dinámica de pareja e influirá en la vivencia que ésta tenga se su dimensión sexual y erótica.
Aunque las problemáticas sexuales después del parto y puerperio no son infrecuentes, es importante mencionar que responden a una amplia gama de problemáticas en tanto síntomas. En muchos casos estas problemáticas no constituyen una disfunción sexual, siendo, o bien pasajeras, o de fácil tratamiento, por lo que es importante comunicar su insistencia por ejemplo al ginecólogo o médico tratante.
En otras ocasiones, la problemática sexual (como puede ser por ejemplo, una disminución del deseo sexual) podría apuntar a una conflictiva más amplia, como lo podría ser una depresión post parto, o bien apuntar a hacerse cargo de conflictivas de pareja que no habían sido abordadas o no se habían manifestado.
En definitiva, en esta importante etapa vital que significa el transformarse en padres, el proceso de devenir padres, la sexualidad puede resultar tanto un espacio potencial para seguir el crecimiento en pareja como un importante indicador de las problemáticas de adaptación de esta. Un espacio que no pierde su valor, pero que no se debe descuidar
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Deseo Sexual y algunas de sus problemáticas

Ps. Paula Pérez G.
Publicado por Revista En Forma, Noviembre, 2008
La disminución del deseo sexual se caracteriza por la existencia de quejas sobre pérdida de interés en la sexualidad, por disminución de fantasías sexuales y eróticas, y por una baja frecuencia de actividad sexual. Se produce una disminución en el impulso sexual, y por tanto, una disminución de la atracción frente a la posibilidad de tener contactos de carácter sexual.
Esta problemática sexual es cada día más frecuente de observar en alguno de los miembros de la pareja (tanto en hombres como mujeres), y, las razones por las cuales esto ocurre son múltiples, y de mantenerse pueden llegar a producir una disfunción propiamente tal.
Generalmente, esta dificultad comienza a situarse lenta, silenciosa y discontinuamente y el cómo la pareja lo afronta es fundamental. Es su abordaje lo que marcará la diferencia.
Algunas parejas, al detectar que algo está ocurriendo, se sientan a conversar y evaluar la situación decidiendo muchas veces solicitar ayuda profesional, otras parejas, en tanto, no comparten sus sentimientos y preocupaciones, callando y viviendo silenciosamente su malestar y angustia.
En ocasiones, la pareja, herido (a) por el contacto rechazo, prefiere evitar las insistencias, esperando quizás que “todo vuelva luego a la normalidad”. Una alternativa (y un posible riesgo) es comenzar “por mientras” una dinámica en donde se produce una especie de relación fraternal, en donde ambos terminan conformándose con una relación basada en la ternura. Se acepta la falta de sexo, valorizando más todo “lo otro” que tiene con su pareja minimizando así la importancia de lo que no tiene. El punto cuestionable acá, es pensar que esta dinámica comienza a darse no por mutua opción ni por una decisión tomada a conciencia, sino que es circunstancial, y se da por falta de comunicación, de confianza y/o por una disfunción sexual no asumida, no tratada y mal manejada en pareja.
Frente a la disminución del deseo sexual en alguno de los miembros de la pareja, es fundamental un trabajo psicoterapéutico de carácter individual o en pareja.
El trabajo en pareja es de suma importancia en este tipo de disfunción, partiendo por identificar cuál es la función que esta cumpliendo el problema del deseo en la pareja (la función del síntoma). Este síntoma podrá ser decodificado y entendido en su manifestación y en su estabilización al observar en qué contexto relacional aparece. De esta manera se puede evitar el adjudicar la culpa netamente al otro miembro de la pareja y entenderlo como algo compartido.
El tema de la intimidad acá juega un rol fundamental pues en muchas ocasiones se dan dificultades en este ámbito que finalmente impedirán cualquiera posibilidad de funcionalidad en la pareja. Es importante trabajar en la reconstrucción de ésta, identificando por ejemplo, los códigos existentes en la seducción, las claves que conducen al acto sexual, el acto sexual mismo también cómo se desarrolla la etapa post-coito. En este sentido, lo que se requiere lograr luego de revisar en pareja los diferentes componentes de la intimidad, es intentar avanzar más allá del nivel conceptual logrando generar nuevas ideas y actitudes hacia la intimidad en un nivel comportamental viendo de qué manera cada uno de ellos podrá implementar estas ideas.
Por último, es muy importante aprender en pareja a mantener vivo el deseo. Valorar el sexo como algo positivo sin poner ningún tipo de imposición como por ejemplo son las de rendimiento, metas o frecuencia, otorgando así la posibilidad de experimentar placer de manera más libre. Darse la posibilidad de incrementar la expresión de afectos y de sentirse bien ante contactos no demandantes, por ejemplo darse la oportunidad de simplemente tener juegos sexuales sin que necesariamente el fin sea la penetración y el posterior orgasmo. Trabajar estimulando los sentidos puede también ayudar al intentar re-encantarse con cosas simples como olores, el mirarse o bien la respiración, todas cosas que van quedando cada vez más postergadas por el hecho de vivir el día a día de manera tan rápida y mecánica. El conversar juntos sobre algunas de las fantasías y expectativas sexuales de cada uno y hablar sobre lo que se siente o se desea en un clima de acogimiento y de confianza puede ayudar a mejorar también la vida sexual.

2/09/08

OCTUBRE: PRÓXIMO TALLER

"RE-CONECTANDOME CON MI SENSUALIDAD" Taller Post Parto Para mujeres que fueron madres hace algunos meses atrás.

31/08/08

¿FRECUENCIA O SINTONÍA?


ARTÍCULO REVISTA EN FORMA MES DE JULIO

PS. ANDREA FLORENZANO
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Claudia está muy preocupada por que desde que se casó hace algunos meses, siente que su marido cada vez la evita más. Ella teme tomar la iniciativa, pues cree que tal vez él está demasiado cansado por la presión del trabajo y las cuentas y prefiere no agregarle tensión extra. Sin embargo pasan los meses y cada vez están más distantes, ya no sólo en la cama sino en lo cotidiano. Tanto es así que casi no logran compartir momentos juntos en su hermoso departamento por el que ambos trabajan tanto.

Patricia teme no estar haciendo feliz a su esposo, “el siempre quiere estar con migo, pero yo no puedo todos los días”. Intenta evitar el encuentro sexual y compensarlo con otras actividades, “cocinarle lo que le gusta, invitar a sus amigos, salir a sus lugares preferidos” pero está cada vez más cansada y no sabe cómo decírselo “siento que si le digo la verdad va a pensar que ya no lo amo”.

Ambas, como muchas otras personas, se preguntan en su situación actual respecto a su vida sexual: ¿Cuánto sería lo necesario?, ¿cuánto sería lo normal?, ¿cuánto está bien?. Preguntas que muchas veces son realizadas en solitario, y que posiblemente no encuentrn respuesta o solución en un número predeterminado.
Según datos estadísticos respecto a este tema el promedio de frecuencia sexual en chilenos es de 2.3. Promedio que varía considerablemente ente países (Informe Durex, 2005).
En lo cotidiano también vemos que cada pareja tiene su promedio de frecuencia sexual. Y así como en cada país podríamos preguntarnos si están contentos con su frecuencia podríamos preguntarle a cada pareja si está contenta con la suya. Y encontramos, a nivel de la clínica, respuestas muy dispares respecto a la frecuencia con que una pareja se siente satisfecha o insatisfecha. Del mismo modo, dentro de una misma pareja una frecuencia determinada puede ser satisfactoria para uno de sus miembros e insatisfactoria para otro. Además, cabe mencionar como fundamental, que tanto la pareja como las personas quiénes la conforman, pueden ir variando en sus preferencias y gustos respecto a la incursión sexual en el tiempo. Se siguiere entonces que más que encontrar un número, es importante para la pareja crear y elaborar un modo de sintonizar una actividad sexual que les permita a ambos disfrutar en este plano.
Para recuperar o lograr la sintonía en este plano son varias las herramientas a las que puede recurrir una pareja. Reflexionar respecto a las propias necesidades, aprender a comunicárselas al otro y también, escuchar las de la pareja…Y sobre esto negociar y experimentar. Es altamente probable que si no estamos logrando lo que queremos es por que la estrategia que utilizamos no es ya, o a dejado de ser, la adecuada.

En ocasiones la interacción de la pareja está bastante dañada o saturada y tal vez es necesario preguntarse en estos casos si se beneficiarían del trabajo con un especialista.

Así es posible plantear como un sano ejercicio, que cada vez que nos veamos preguntando por el “Cuánto deberíamos” en relación a la actividad sexual, traer la pregunta de ¿cuándo, cómo y dónde querríamos?.